Por Tattoo Colombia Magazine
I. Introducción: del barro al rotor
Del carbón al rotor.
De los rituales de barro a los estudios de lujo.
El tatuaje ha viajado más que cualquier religión,
porque nació en el alma humana antes de ser industria.
En cada época cambió de piel,
pero su propósito fue siempre el mismo: recordar quiénes somos.
II. El éxodo: siglos de persecución
Durante siglos, el tatuaje fue perseguido, prohibido, oculto.
Del Egipto antiguo a Roma, de Asia al Nuevo Mundo,
los cuerpos marcados eran vistos como impuros o peligrosos.
Cuando la tinta se volvió símbolo de herejía,
solo los marginados —marineros, presos, nómadas— la conservaron.
Ellos mantuvieron viva la llama que las religiones y los imperios intentaron apagar.
El tatuaje sobrevivió cruzando océanos, cárceles y prejuicios.
Porque lo sagrado no se destruye, se esconde… hasta que vuelve a renacer.
III. El renacimiento: del underground a la élite
El siglo XX lo cambió todo.
El tatuaje salió de los puertos y los callejones,
y entró en galerías, revistas, pasarelas y museos.
De los rebeldes a las celebridades,
de los prisioneros a los coleccionistas.
Hoy, tatuarse puede ser lujo, arte o terapia.
Pero en el fondo sigue siendo lo mismo:
una búsqueda de sentido,
un intento humano de dejar huella en un mundo que olvida demasiado rápido.
La aguja moderna sustituyó a la espina,
pero la intención sigue siendo ritual.
IV. El presente: el arte que volvió al templo
En Loboart y Tattoo Colombia, el tatuaje regresó a su origen.
Ya no se trata solo de estética,
sino de belleza, introspección y transformación.
Cada procedimiento, cada diseño, cada historia,
es una experiencia ceremonial donde el arte vuelve a ser sagrado.
El estudio moderno se convirtió en templo:
un espacio donde el cuerpo y la conciencia se encuentran.
V. Cierre
“El tatuaje no cambió. Cambió el mundo alrededor de él.”
Y en esa transformación,
descubrimos que el tatuaje nunca fue tendencia:
fue destino.
“Estamos redefiniendo el mundo del tatuaje.”